La fortuna determinó que al felino que pasó bajo el 0731-BSW,aquella gélida tarde de domingo,aún le quedaba tiempo por vivir o vidas por perder.
-"En qué emplearás tu tiempo cuando termines la diplomatura?",preguntó Urdune minutos después del renacimiento del desconocido felino.
-"No sé,me gustaría perderme...tomarme un año sabático" respondí,denotando en su semblante cierto escepticismo,sabedor del inagotable trecho que a menudo separa la palabra del hecho.
Hoy se cumple un año del día en que mi madre,emocionada,se despidió de mi diciendo:"¡Ten cuidaíto chiquito!",del momento en que los brazos de mi añorada hermana me bendecían con su abrazo,del puchero anterior a las lágrimas de mi padre,del afectuoso brazo de mi primo echado sobre mis hombros,de contemplar como el 0731-BSW desaparecía gasolinera arriba.
Y no las tenía todas conmigo cuando volábamos de Madrid a Cancún.Habíamos leído en diferentes foros que para pisar tierras mexicanas teníamos que llegar con vuelo de vuelta,y que desde noviembre hasta el mes en que partimos nosotros,febrero,habían sido varios los repatriados en respuesta a todos los obstáculos que pone el gobierno español a la llegada de mexicanos.
Nunca fui realmente consciente de la infinidad de posibilidades que se presentaban ante nosotros hasta el momento en que la policía aduanera,tras revisar el pasaporte y contarle cuatro verdades a medias,nos dio la bienvenida permitiéndonos pasar.
Al salir del aeropuerto fui sorprendido por una bocanada de aire fresco que me infló los pulmones para hacerme sentir invulnerable...¡Comenzaba el Sueño!
Aquellos primeros pasos por el mexicano Estado de Quintana Roo en la Península de Yucatán los dimos con nuestras manos bien apretadas mientras le repetía a Alba como sin llegar a creerlo, "¡Estamos aquí!,¡Estamos aquí!,¡Estamos aquí!".
Casi un año hace del reencuentro con Guanajuato,su comida y su gente.De aquel primer día ofreciendo tortilla en la cesta de mimbre,de aquellas personas que,durante tres meses, compraban siempre que nos cruzábamos por sus estrechas y pintorescas callejuelas.Casi un año de nuestros compañeros de la Crepería Bossanova ,del Santo Café y de la Universidad.Casi un año de los saludos y las sonrisas que me regalaba su gente cuando me veían pasar. Casi un año de Guanajuato...su recuerdo me emociona,me saca una sonrisa,me da fuerza para seguir.
En Mazunte estuvimos unos días en el 2011,y teníamos claro que sería nuestra máxima prioridad en el hipotético caso de vivir en algún pueblito costero antes de emprender la incursión por tierras centroamericanas.Un mes vendiendo pasteles por las playas de Zipolite y Mazunte,el mágico ambiente de El Nagual,Elsa,el ritual de Emiliano con el mate... uno de esos pocos sitios donde,definitivamente,no me importaría dejar mi tiempo correr.
Tras dejar Mazunte y atravesar el istmo de Tehuantepec bordeando la costa pacífica del Estado de Chiapas nos fuimos adentrando por tierras guatemaltecas,hasta llegar al que para muchos es el lago más bello de este planeta,el Atitlán,entre montañas y rodeado por atractivos pueblos de bíblicos nombres,algunos de los cuales,se expanden por la falda de algún que otro volcán,como es el caso de San Pedro,en el que trabajé con Peggie en su restaurante,Le Jardin y donde Alba y yo nos iniciamos con la artesanía.
Y desde el lago Atitlán orientamos la brújula hacia Antigua de donde,con Carol,Carlos,Luis,Álvaro,el Maestro,Juanma,Leticia,Belinda,Ale...,orgullosos presumimos de tener una familia.Después de casi dos meses,y con el XQNO eternamente en mi corazón,reemprendimos la ruta alejándonos en el espacio y en el tiempo de ellos.
Estuvimos un tiempo con la duda de pasar por El Salvador en la ruta que nos llevaría desde Guatemala,Honduras mediante,hasta Nicaragua.Pero,a medida que se acercaba el momento de seguir hacia las rutas del Sur,sentíamos la necesidad de adentrarnos y perdernos por el atemorizado país centroamericano.Y la semanita que andamos deambulando por El Salvador nos encantó.La amabilidad y cercanía de su gente,la sensación de que nos sobreprotegían de un peligro que para ellos es constante y está por todas partes,aunque a nosotros no nos llegara más que la cercanía de su brazo tendido.El nombre de El Salvador adquirió un absoluto sentido racional puesto que con él llegaron los predicadores de la biblia por doquier,en autobuses,mercados y plazas,junto a vendedores de pomadas mágicas que todo lo curan.
Ya en la frontera con Honduras nos topamos con Miriam,que en su camioneta se disponía a cruzar suelo hondureño de camino a Chinandega,Nicaragua.
Accedió encantada a nuestra petición de llevarnos en la parte trasera de su camioneta hasta tierras nicaragüenses,parando un par de veces por tierras hondureñas a reponer combustible e invitarnos a un par de cocos que parecían ir condimentados con una buena dosis de esencia de Libertad.
La chicuela llevaba semanas imaginándose el reencuentro que en la nicaragüense Diriamba tendría lugar con Ana,su muy mejor amiga.Era consciente de lo mucho que significaba para ella y cuando tuvo lugar superó emocionalmente todas las expectativas.Junto a Ana nos adentramos,durante unas semanas,en el día a día de la encantadora y humilde familia de los Rocha Tercero,donde dejaba las horas pasar escuchando relatos de pretéritas revoluciones y de cómo el Poder corrompe al Hombre.
Hicimos caso omiso a las advertencias de algunos viajeros sobre las trabas de acceso que solían poner en la frontera de Costa Rica,la Alemania centromericana.Al llegar nos dijeron que para pasar necesitábamos presentar un vuelo con fecha de salida,no fuera a ser que llegáramos con la intención de trabajar ilegalmente y nos quedáramos por tiempo indefinido.La opción de recorrer Costa Rica de norte a sur hasta llegar a Panamá,al parecer,no era ni creíble ni viable.Los escasos cibers ubicados en la frontera estaban cerrados por ser domingo,y el pueblo nicaragüense más próximo se encontraba a algo más de una hora de camino.Así que fuimos por las distintas oficinas fronterizas de transportes hasta que un buen muchacho nos dejó utilizar el ordenador de su oficina,desde el que hicimos una falsa reserva de vuelo con un plazo de 24 horas para pagarlo,que nos permitió,tras presentarla en el puesto fronterizo,seguir adentrándonos hacia las rutas del Sur.
Tras hacer noche en Liberia y atravesar el país de noroeste a sureste llegamos a Playa Chiquita,un recóndito paraíso en la Tierra,donde permanecimos un mes rodeados de monos aulladores y osos perezosos,Alba trabajando en el restaurante de Marc,el Pura Gula, y yo en la recepción de Playa Chiquita Lodge,gozando de la forma y el entusiasmo con el que nos contaba chistes el bueno de Tito.
Y llegó Panamá,nuestra última parada por tierras centroamericanas.Siete semanas acampados a pie de playa en el pueblo de pescadores de Santa Clara,produciendo artesanía entre semana para venderla los fines de semana en que se atestaba la playa de panameños procedentes de la capital.
Se aproximaba el día que llevábamos meses escuchando.El momento de dar el "salto" de Centroamérica a Sudamérica había llegado.Dos opciones se presentaban ante nosotros;un vuelo que nos catapultara hasta la frontera colombiana,o navegar durante cuatro días por el archipiélago de San Blas en un carguero de mercancías bordeando el intransitable Tapón de Darién.
Cuando la chicuela y yo iniciamos el Viaje pactamos una Máxima:Nuestro transitar por tierras americanas necesariamente debía darse tierra a través.Ante la imposibilidad de llevarla a cabo, decidimos que la opción de navegar hasta la frontera colombiana,haciendo noche en islas habitadas por los Kuna Yala era,sin lugar a dudas,la opción más atractiva.Y así lo hicimos,viviendo una de esas experiencias que marcan un antes y un después en cualquier viaje.
Un antes por todo lo que dejamos atrás y un después por todo lo que se presenta ante nosotros.
Las veces que me detengo a contemplar el mapa del colosal continente sudamericano me invade una sensación de vértigo,de ser incapaz de generar los medios suficientes y necesarios para recorrer y perdernos por la vastedad de su geografía.
Sudamérica nos recibió con los brazos abiertos en la colombiana y bella Cartagena de Indias,en la que sentimos pasar la Navidad lejos de nuestras familias,trabajando en el restaurante Collage Charladero arropados por los abrazos de Toro,la Flaqui,Orlando,Jessie y Luis.
Hasta llegar a la casa andina cercana al bellísimo pueblito de Guatapé,en el Departamento de Antioquia,desde donde he decidido escribir estos párrafos tras cumplirse un año de nuestro deambular por el continente americano y del día en que me despidieron los abrazos de mis hermanos,el puchero de mi padre y los besos de mi madre.
http://m.youtube.com/watch?v=HT9m0pX-2z4