Acomodados ya en el chicken bus que minutos más tarde emprendería la marcha transportándonos desde Managua hasta la hermosa Granada nicaragüense,y desde el interior del colorido transporte,fijo mis ojos en él.
Su mirada es severa y triste a la vez,imagino que somos coetáneos,e incluso que él llegara a este mundo un par de meses después de lo que lo hiciera yo.
En su mano izquierda porta una caja de madera de pino rectangular de unos 80x40cm.En su interior hay cajitas de chicles de tres o cuatro sabores que ocupan algo más de espacio que los paquetes de pañuelos de papel que la completan.En ningún momento advierto que,como la mayoría de vendedores ambulantes ó como yo mismo hiciera,tiempo ha,con la tortilla en Guanajuato,cante al viento ú ofrezca su mercancía en tono moderado a todo aquel que por su lado pasa como si no existiera...
Para quien sí existe es para una niña de unos cinco años que observo como se le acerca desde unos diez metros por su retaguardia dándole un par de palmaditas en la pierna para que se percate de su presencia y,cuando él se gira,ella sonriente le dice hola con la mano.Él,dándome la espalda,se agacha levemente y le dice algo mientras le sacude suavemente el pelo yéndose ella por donde llegó,feliz y a toda prisa.
Tras la marcha de la niña vuelve a ser invisible a los ojos del mundo y su semblante así lo refleja.El chicken bus arranca pero permanece unos minutos más estacionado en la transitada estación de la capital que fuera bombardeada y arrasada por el segundo de los Somoza en la década en la que ambos,él y yo,llegamos a este mundo.
Mis ojos no lo abandonan y mi mente se imagina su cruda infancia llena de lucha,estragos y sin sabores.Un bebé comienza a llorar fervientemente en el interior del vehículo y mi atención se abstrae en el momento que el conductor hace rugir el motor cual sirena escolar indicaba,en los años de mi niñez,que una tarde llena de aventuras se avecinaba correteando la Calle Nueva desde la esquina del Paqui hasta la casa de la Goles.
Cuando vuelvo a buscarlo nuestras miradas se topan,me sorprendo e instintivamente frunco el ceño.Su mirada me contempla acusadora...como conocedora que los designios del destino,hasta ese momento,han sido bastante dispares para ambos,él está y siempre estuvo en desventaja, y ambos sabemos que en absoluto es cuestión de mérito sino de azar.Avergonzado gacho la mirada en el instante en que el vehículo lentamente se pone en marcha.Al alzar la vista él ya no está,y dudo si lo estuvo en algún momento y no fue más que un ser imaginario...ó puede que para mi mente pasara a ser invisible e incluso culpable,como para la mayoría...por el bien de mi conciencia.
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